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Movilidad sostenible en zonas rurales y de baja densidad poblacional

25/02/2019 Área: Desarrollo rural Fuente: elCorreoGallego.es

Artículo de opinión de Javier Varela Tejedor, Técnico Superior de Inspección del Transporte, publicado en el Correo Gallego.

Habitualmente hablamos de movilidad sostenible refiriéndonos en general a la problemática de las grandes ciudades, con mucha población, mucha congestión, una gran oferta de transporte público y donde, a pesar de sus complejos problemas, no es excesivamente complicado satisfacer nuestras necesidades cotidianas en el propio espacio urbano o en el del área metropolitana circundante.

Como ya hemos puesto de manifiesto en otras ocasiones, en las ciudades el problema es complejo, pero solucionable porque la movilidad se realiza en distancias cortas o semicortas, por lo que, con una adecuada mentalización y con unas determinadas actuaciones políticas podría sustituirse -o integrarse- la movilidad motorizada con la no motorizada, sea en bici o a pie. Además suele haber en todas las ciudades un adecuado sistema de transporte público, cuyo uso sería fácilmente fomentable.

Ahora bien, en las zonas rurales y partiendo de la base de que el transporte es una demanda derivada, es decir una demanda que se genera como resultado de la demanda de otros bienes o servicios, un medio, una herramienta y no un fin en sí mismo, la movilidad más sostenible es la que no se hace (es una exageración, claro está, todos nos movemos).

En las zonas rurales, el transporte se caracteriza por una baja demanda y muy heterogénea, que presta servicio a pocas personas y diseminadas en áreas de gran extensión. El funcionamiento del transporte público en áreas rurales se centra principalmente en el transporte escolar y, en su caso, en servicios regulares con escasas frecuencias, afluentes en general, de otros servicios de mayor entidad.


La movilidad en zonas rurales normalmente implica trayectos que forman la primera parte de un trayecto más largo, ejerciendo de nutriente para el sistema de transporte en su conjunto y tendiendo cada vez más a adaptarse a la demanda realmente existente. La movilidad en el ámbito rural implica la existencia de distintos niveles en la red de transporte: conexiones directas de espacios urbanos con pequeños núcleos de población de la zona; conexiones entre pueblos y pequeñas ciudades y conexiones entre centros urbanos y núcleos poblacionales de los alrededores.

Los pueblos y las ciudades de pequeño y mediano tamaño son modelos idóneos para potenciar la movilidad activa sostenible (bicicleta, caminar) que debería ser la primera opción para moverse en sus límites geográficos (ciudades o barrios que hemos llamado de proximidad). Un paradigma de este tipo de movilidad sería comenzar por establecer caminos escolares seguros, que según confirma la Dirección General de Tráfico conseguirían reducir el número de vehículos a motor que trasladan a los niños al colegio, aminorando el exceso de emisiones contaminantes y el ruido, actuando en favor de la mejora del medio ambiente, la recuperación del espacio público y la seguridad vial infantil.


Para el resto de la comunidad (la no escolar) podrían recuperarse modos ligados también a la movilidad a pie como la vuelta al uso de los "carritos de la compra", las "cestas en las bicicletas" o, en su caso, establecer servicios permanentes de distribución a domicilio, bien por los propios comercios, bien como iniciativa municipal o vecinal, que tampoco tendrían que ser necesariamente motorizados.

Lo que ahora parece de moda en las grandes ciudades, los espacios de uso compartido que comportan un mayor equilibrio modal y un mayor protagonismo del peatón, se ha practicado tradicionalmente en nuestros pueblos en los que convive el comercio asentado, los mercadillos periódicos o puntuales y donde la gente pasea, compra, charla, descansa, juega... en convivencia con los vehículos privados y comerciales.

Pero no todo se desarrolla en el espacio urbano y en este sentido y para distancias inferiores a 10 kms, una opción viable para un cierto número de personas es la bicicleta, aunque en nuestro país es un medio de uso todavía incipiente salvo para actividades deportivas o de mantenimiento físico. Para fomentarlo sería necesario establecer un conjunto de medidas que implicasen la construcción de carriles bici con separación física y con unas características determinadas que impliquen al menos una red integrada con un trazado continuo con facilidades de acceso y salida, anchura suficiente, los mínimos puntos de detención, una capa de rodadura segura y una adecuada señalización. Y por supuesto campañas de información y concienciación en seguridad vial, así como aparcamientos seguros y cómodos tanto en las estaciones intermodales como en los centros de trabajo, sanitarios, de ocio y/o educativos.

Los ciudadanos que viven en zonas rurales tienen los mismos derechos de movilidad que aquéllos que viven en zonas urbanas. Debido a su baja densidad de población, dichas áreas se caracterizan por una mayor eficacia de los modos de transporte privados y un valor del espacio viario menos importante que en las áreas urbanas.

Según la Unión Internacional del Transporte Público, si financiar el transporte público no resulta fácil, se convierte en un grave problema cuando se trata del transporte público en zonas de baja densidad. Dado que el mercado ofertado es escaso y la demanda, baja, difícilmente puede suministrarse transporte público sin la fuerte intervención y respaldo económico de las autoridades. El número limitado de pasajeros y la necesidad de mantener asequibles las tarifas impiden que el mercado pueda ofrecer un servicio rentable. Esto significa que es necesario no sólo que las autoridades remuneren o compensen el transporte, sino que lo respalden económicamente.


En este contexto, el establecimiento y control de los niveles del precio del transporte son herramientas que ayudan a la administración pública a perseguir sus objetivos sociales y políticos.

Por consiguiente, la UITP recomienda que se desarrollen soluciones de transporte integrado que ofrezcan sistemas tarifarios y de billetes puerta a puerta.

Cuando los sistemas de transporte convencionales no tienen una justificación financiera, la UITP recomienda desarrollar soluciones de transporte a la demanda o encontrar sinergias con modos de transporte individuales o taxis.

En este sentido sería deseable articular un plan de movilidad de ámbito comarcal que incorporase en un sistema integral e integrado los distintos medios y modos de transporte existentes en la zona (incluido el transporte escolar), con incidencia mayor en función de la densidad poblacional del transporte regular o del transporte a la demanda, incorporando un adecuado número de frecuencias y de servicios como obligaciones de servicio público, con la adecuada compensación económica en caso del previsible déficit de explotación, ya que estas obligaciones de servicio público consisten en atender a un precio razonablemente bajo, ciertos tráficos o rutas que comercialmente no son rentables, pero que se considera que deben existir.


Una forma fácil y ya experimentada de promover la movilidad sostenible es el llamado car-pooling o car-sharing, es decir compartir viajes tanto informalmente, es decir poniéndose de acuerdo con familiares, amigos y/o vecinos como a través de una aplicación (app) específica o acudiendo a plataformas de internet, e incluso institucional, de forma tal que sea la propia administración (normalmente local) la que establezca un sistema de transporte a la demanda.

Por último, habría que fomentar el transporte intermodal, de forma que distintas etapas de un mismo viaje, puedan hacerse utilizando todos los modos descritos, tanto el transporte a pie o en bicicleta como el vehículo privado que sirviesen como modo de acercamiento al transporte colectivo (bus o tren), lo que haría necesario disponer de un aparcamiento disuasorio con las suficientes garantías de comodidad y seguridad, tal y como ya hemos mencionado anteriormente, y una adecuada política de intermodalidad que incluyese tarifas, frecuencias, servicios adicionales, etc.

Se trata en suma de que los viajes sean más sostenibles y para ello puede haber diversos métodos tanto integrales como parciales. La movilidad, también en el ámbito rural, debe ser un sistema integral e integrado que permita al ciudadano utilizar el modo más sostenible en cada momento y situación, teniendo en cuenta que la existencia de un adecuado transporte público contribuye a que las personas permanezcan en el rural evitando el despoblamiento, la exclusión social y el aislamiento.

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