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Los médicos supervivientes de La Rioja rural

18/12/2018 Área: Exclusión social Fuente: larioja.com

Los médicos supervivientes de La Rioja rural

  • Asumir la presión asistencial de municipios colindantes en detrimento de la cercanía personal es el temor de muchos facultativos |«Si no hay doctor, cura y maestro, ¿quién va a venir?», se pregunta Rafael Crespo, uno de los galenos de la región que vive bajo la amenaza de la despoblación

  • Artículo publicado en larioja.com

¿Cómo se encuentra, Pablo? ¿Y su mujer? La pregunta la formula Rafael Crespo, médico titular de un rosario de consultorios que cada día se enfunda su bata blanca para atender a una población entrada en años y achaques. Y cuando dice atender, lo hace en el más amplio sentido de la palabra porque en ocasiones lo de menos es el dolor y lo de más es la compañía. Es hacer de escuchante impenitente ante vecinos que de la mañana a la noche son sólo ellos y su soledad.

«Yo no trato enfermos, trato personas», afirma Crespo, médico rural por vocación. «En la medicina de pueblo -dice- está la esencia de la medicina, estás más en contacto con la gente, lo ves más puro, es más directo y no está engañado por Internet». Pero ser galeno rural hoy es navegar de ceñida. El centenar largo de médicos que ejerce en pequeños municipios vive bajo la permanente amenaza de la remodelación, «como la que hicieron en el 2011, coincidiendo con la crisis», explica. De aquella se libró Grañón, su campamento base, pero «a varios médicos les pusieron más pueblos y a los de Bañares y Castañares, por ejemplo, les asignaron más cupo», explica. Pero que esquivara aquel embate no es garantía de que pueda zafarse del siguiente. Y ese es el temor: asumir la presión asistencial de varios pueblos colindantes en detrimento de la atención profesional y de la cercanía personal que puede llegar a marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

 Es la pescadilla que se muerde la cola. Si a los pueblos les eliminas servicios, «¿quién va a venir? Hemos quitado a los maestros, aquí -por Grañón- ya no hay cura, falleció el que estaba y ahora viene uno de Santo Domingo, y si quitas el médico... nadie quiere venir».

Sólo entre los cinco municipios en los que es titular recorre 126 kilómetros a la semana

A sus 54 años Crespo desea quedarse en Grañón -si le dejan como está-, hasta que llegue el momento de colgar el fonendoscopio, pero teme que la cuestión se enrede, porque ya es complicado que se cubran las sustituciones. «La médico de Castañares no estuvo el martes y no la sustituyeron, en Santo Domingo, tampoco y en Ezcaray, tampoco. En Rincón de Soto o Aldeanueva está pasando lo mismo y en los Cameros viejos han suprimido un médico de refuerzo, con lo cual, los que están hacen muchas horas. Al final, todos estamos sobrepasados», resume, tras hacer un rápido diagnóstico de la situación. Siente que, en el fondo, el problema es que «no se está teniendo en cuenta a la medicina rural», que hay cierta «dualidad» porque por una parte, tanto el Gobierno regional como la Consejería de Salud «se esfuerzan en el medio rural, pero luego el Servicio Riojano de Salud dice que no hay médicos e igual no los hay, pero sabemos que todos los años se están yendo de España unos 2.000 facultativos», lamenta.

Confiesa que tiene problemas para coger un día libre, porque nadie le sustituye. La semana anterior tuvo que librar un viernes, el miércoles ya avisaron con un papel colgado en la puerta de que el consultorio permanecería cerrado ese día. «No pasa nada, porque los enfermos esperan, pero el lunes la fila de pacientes llegaba hasta la calle y luego hay que hacer domicilios». Afortunadamente, sus pacientes, dice, «son muy disciplinados». Son más de consulta que de domicilio porque «venir aquí es como un acto social». Tampoco son de ir a urgencias, que en su zona son atendidas en Santo Domingo de la Calzada. En ocasiones esperan demasiado. «Un paciente con apendicitis esperó cuatro días a ser visto», cuenta.

Rafael Crespo es médico titular de Grañón, Villarta-Quintana, Quintanar de Rioja, Corporales y Morales, cinco núcleos de población pero con un cupo de 360 pacientes. Bajo en número, pero el 49% de ellos tiene más de 65 años y el 21% supera los 80. «Una población envejecida, pluripatológica, con muchos problemas de movilidad». La cuenta final es «un elevadísimo gasto sanitario por habitante porque son pacientes crónicos y la primera receta se la imputan al especialista, pero las siguientes a nosotros».

A lomos de su coche

Su día a día comienza como acaba, en su vehículo. Al año y sólo en los trayectos que hace entre los cinco pueblos que tiene asignados recorre 6.000 kilómetros, 126 a la semana, y si a eso le suma los más de 100 que hace diariamente de ida y vuelta a Logroño, donde reside, el cálculo supera los 30.000.

A las 8 de la mañana llega a Santo Domingo y tras charlar un rato con sus compañeros se dirige a Grañón, al antiguo Centro Rural de Higiene, levantado en 1953 y sobre el que antiguamente residía el médico. Su jornada empieza en este municipio, enclavado en el Camino de Santiago, de poco más de 270 habitantes, a los que hay que sumar los peregrinos, y hacia las 9.45, en función del día, coge de nuevo el coche para pasar consulta en el resto de pueblos. Los lunes, miércoles y viernes, en Villarta; los jueves, en Quintana y Quintanar de Rioja, y los martes, en Corporales y Morales. A partir de las 11.30 y ya de vuelta en Grañón, trata a los pacientes de este municipio y a última hora, domicilios. Cuatro o cinco veces al mes tiene guardia en Santo Domingo, así que su jornada se prolonga hasta las 8 de la mañana del día siguiente y vuelve a enlazar con un nuevo día de trabajo.

Una espiral de vértigo que juega en contra de la medicina rural y que impide que en muchos municipios de La Rioja 'retener' al médico sea demasiado complejo. De ahí que la deseada fidelidad entre médico y paciente es una quimera, sobre todo para los pacientes, que en la mayoría de los casos desearían tener una relación con él con carácter vitalicio. No es el caso de Grañón. Es un pueblo afortunado, los médicos que han estado ahí lo han hecho por mucho tiempo, incluso uno de ellos, que residió en el piso de arriba, falleció en el consultorio, y el propio Crespo aspira a jubilarse ahí, aunque no sea en el piso de arriba, como así se lo reclama una vecina mientras despide a esta cronista.

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