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El pueblo con más niños de España

16/02/2017 Área: Jóvenes Fuente: El Mundo

  • Lantz (Navarra) tiene 151 habitantes y 20 menores de cinco años, el 13,2% de la población, cuando la media española es el 4,7%
  • Lo visitamos esperando encontrar uno de esas pequeñas localidades que pierden población y tratan de sobrevivir ofreciendo casas a familias con hijos. Nada más lejos de la realidad.

Son las ocho de la mañana. El termómetro marca unos cuantos grados bajo cero. Aún alumbran las farolas. No se oye un alma. Hasta que irrumpe en el paisaje sonoro la primera mochila con ruedas que parece bajar por la calle Santa Cruz. Luego otro par que se aproxima por la calle San José. En unos minutos la plaza frente a la iglesia, donde hace parada el bus escolar, es una jauría de niños embutidos en abrigos gorros y bufandas. Están los hermanos Itxaso (14 años), Andoni (12) e Iñaki (8); Peio (6) y Belate (4); los gemelos Oier y Aritz (11); Adriana, a quien no parece gustarle el flash de la cámara y trata de salirse del encuadre; Izaro, que aún está en la guardería pero no quería perderse una foto histórica...

A Lantz (Navarra) nos lo ha puesto en el mapa el Instituto Nacional de Estadística. «¿Cuál es el pueblo de España con mayor porcentaje de niños menores de cinco años?», le preguntamos. Lantz (Navarra), responde el INE: 151 vecinos y 20 niños de entre 0 y 4 años, el 13,2% de sus habitantes. El porcentaje a nivel nacional -2.174.491 niños menores de cinco años, el 4,7% de la población española- es 2,7 veces menor.

Mientras los niños dan saltitos para la cámara al ritmo que les marca el fotógrafo -«bat, bi... ¡hiru!» en euskara, «un, dos... ¡tres!» en castellano- los padres nos trasladan su sorpresa por nuestra visita, ya que ignoraban este récord natalicio. El desconcierto es mutuo. Acudimos a Lantz con la idea de que quizás sea uno de esos pequeños municipios que pierden población inexorablemente y que tratan de rebelarse ante la sentencia de muerte dando casa y trabajo a cualquier familia que traiga niños a la localidad. Nada más lejos de la realidad.

«¡Es que somos muy de Lantz!», escuchamos repetidamente en el pueblo hasta acabar concluyendo que esta proclama sintentiza el porqué de tanto nacimiento y es también el eslogan de un potentísimo sentimiento de pertenencia: los vecinos, por encima de cualquier otra cosa, son militantes de Lantz.

Retrocedamos en el calendario hasta 1995, cuando la actual alcaldesa, Isabel Baleztenea, llegó a la localidad embarazada y con la intención de instalarse. «Entonces no había ni un solo niño en el pueblo», recuerda. «Cuando mi hijo comenzó la escuela en el bus se montaban tres: un niño que estaba para terminar, otro en el medio y él».

Hijos del "baby boom del 75"

No estaba tan concurrida la parada del autobús como ahora, cierto, pero sí había mucho movimiento en La Posada, el único bar-restaurante-local de ocio de Lantz, donde los adolescentes se daban cita. Eran muchos -más de 20, quizás 30-, todos pertenecientes a la generación que demográficamente se bautizó como el baby boom del 75. Y estos adolescentes no se marcharon a buscarse la vida en la ciudad como era previsible sino que se quedaron en Lantz, se casaron en Lantz y comenzaron a tener hijos en Lantz. Ellos son los artífices del récord. Los responsables de que Lantz haya pasado de 112 habitantes de 1991 a 151 de ahora.

Entre el grupo de La Posada estaban David, 41 años, empresario ganadero, y Miren, de 36, administrativa en una empresa de construcción en Pamplona. Son padres de Peio (6 años) y Belate (4), y están esperando su tercer hijo, el que será el próximo empadronado en Lantz.

A la misma cuadrilla pertenecían los hermanos Aitor y Unai Sarasibar, tres hijos cada uno también. Lo cuenta el orgulloso abuelo, Domingo, quien estuvo al frente del ayuntamiento de Lantz entre 1995 y 2006. «En esos 12 años que yo fui alcalde creo que firmé la licencia para 26 viviendas nuevas», dice recordando el momento en que se construyeron los cimientos del boom natalicio. La casa de Domingo es un reliquia histórica. Prácticamente todas las viviendas de Lantz tiene la misma estética: una planta baja con puerta ancha en la que se guardaba el ganado; la planta de en medio, donde hacía vida la familia, y una tercera arriba, para meter el grano. La de Domingo es la única en la que las vacas siguen durmiendo en casa.

El callejero del pueblo está sembrado de viviendas de piedra de cuento como la de Domingo. No hay ninguna que desmerezca a la de al lado y muchas tienen su terrenito. Si a esto unimos que la capital, Pamplona, está a sólo media hora en coche, Lantz queda oficialmente proclamado como sitio idílico para vivir. Más incentivos para formar familias númerosas: no hay ningún habitante en paro. La mayoría de las jóvenes mamás dejan a los niños en el bus a las 08.20, se van a trabajar a Pamplona, y, si aún no han acabado la jornada laboral para cuando ellos regresan del colegio -16.30-, encargan el cuidado de los hijos a los abuelos.

Abundan las peculiaridades en el pueblo de los niños, y aún hay más si nos adentramos en la política local. Pese a ser un lugar tan pequeño tiene ayuntamiento propio, pero no busquen en las elecciones municipales ninguna sigla de partido conocido. Siempre se presenta una única candidatura -formada por los propios vecinos-, bajo la denominación de Agrupación Vecinal de Lantz. Hoy la alcaldesa es Isabel, antes lo fue David y el siguiente primer edil será cualquier otro lantzarra.

Las decisiones se toman mediante asamblea y, según está escrito en la normativa municipal, todos los vecinos están obligados a destinar determinadas horas de trabajo al año al servicio de la comunidad. Se trata sobre todo de limpiar las calles tras la celebración del famoso carnaval de Lantz, que atrae a miles de visitantes, y de surtir de leña a La Posada, que pertenece al ayuntamiento. No hay enterrador, por lo que si fallece un vecino se encarga de darle sepultura la familia a la que le toque, según turnos preestablecidos.

Queda añadir que Lantz es muy acogedor con el visitante pero también hermético si se pretende echar raíces allí. Prácticamente sólo mediante casamiento con un lantzarra se puede ingresar en su padrón municipal. Todas las casas pertenecen a los vecinos, y éstos ni venden ni alquilan.

Son una sociedad más bien cerrada pero no pregonan el aislamiento, ni para ellos ni para sus hijos. Hace tres años, ante el aumento de los nacimientos, tuvieron la posibilidad de recuperar el colegio perdido en 1992. Los padres votaron que no. Prefirieron que los niños siguieran estudiando en la vecina Larraintzar. «Una cosa es que estés contento con tu pueblo y otra es que los niños no salgan y se relacionen. Queremos que nuestros hijos socialicen», dicen.

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